Nuevas masculinidades: la temida tristeza

Share on linkedin
Share on twitter
Share on facebook
Share on google
Share on whatsapp
Share on email
Rupturas de pareja, pérdidas de estatus socioeconómico, fallecimiento de seres queridos… Son muchos los condicionantes y estresores que hacen que pueda aparecer el malestar a lo largo de la vida de las personas. Sin duda, en el momento en el que nacemos estamos destinados a transitar pérdidas, gestionar despedidas, llevarnos desilusiones y batacazos.
 
Cómo nos han enseñado en la infancia y adolescencia a atravesar estas pérdidas determinará en muchas ocasiones nuestra salud mental posteriormente, en la vida adulta. Los diferentes sistemas en los que estamos insertos condicionan, y determinan la forma en la que se gestionan estas pérdidas. Desde la familia hasta la sociedad en su conjunto.
 

El género es uno de los sistemas de pertenencia que más determina las formas que tenemos de afrontar las crisis a lo largo de la vida. 

No cabe duda que el sistema heteropatriarcal nos ha otorgado muchos beneficios a los hombres, pero también nos ha hecho tocar uno de los lados más oscuros de la salud mental: la dificultad para sentir tristeza, ser vulnerables, depender, pedir ayuda, integrar las pérdidas y gestionar los cambios.
 
Sin ánimo de generalizar, observamos en nuestra práctica clínica, esta dificultad fruto de las expectativas que los contextos de socialización vuelcan sobre nosotros. Son muchos menos los hombres con respecto a las mujeres los que directamente piden ayuda psicológica; parece que aparentemente existieran menos problemas o dificultades.
 
Basándonos en nuestra experiencia clínica, podemos decir, que los hombres llegan a consulta con malestares psicológicos más severos en su sintomatología (cuando llegan). Cuando existe tristeza parece más profunda. No solamente porque la hemos practicado poco a lo largo de la vida, si no porque también, a parte de sentirla  hay que enfrentarse a los mandatos sociales interiorizados que nos dicen que sentirla en nuestro género está sancionado.
 
Por tanto, ante una crisis vital, hay que aprender, muchas veces ya entrados en la cuarentena, primero a sentir la tristeza, y eso da miedo, y por otra parte a soportar la vergüenza por sentirla, que es aterrador.
 
Tenemos derecho no sólo a cabrearnos y alejarnos, probemos, con miedo, tristeza y vulnerabilidad a acercarnos y caernos en el calor de los brazos de los otros.
Ante estas dificultades y barreras, parece que sólo podemos sentir ira y ejercer violencia. Pero: recordemos que la ira y la violencia nos alejan de aquellos que pueden ser fuentes de ayuda: familia, pareja, amigos…. Y sin duda, no siempre detrás de esa rabia manifiesta hay razones para estarlo. Muchas veces hay miedo, tristeza, angustia, melancolía, soledad. Por tanto, conectar con nuestras vulnerabilidades y miedos, poder reconocerlos, llorarlos y sentirlos, no sólo es legítimo, es necesario. 
 
 
Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Deja un comentario

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies propias y de terceros para ofrecer una mejor experiencia de navegación y para obtener datos estadísticos. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies