Terapia con pacientes LGTB

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Las orientaciones e identidades sexuales, algo tan definitorio, algo tan entroncado en la vida de las personas, cuando están separadas de lo normativo siempre han sido objeto de burlas, acoso, agresiones…Te contamos los problemas más frecuentes que vemos en terapia con pacientes LGTB.

Las etiquetas y otros problemas en el colectivo LGTB

En el mejor de los escenarios (que no menos dañino para el futuro de las personas) la condición LGTB supone la adquisición de etiquetas. En algunas familias y entornos, esto ha producido desde el desconocimiento o el miedo, a la desatención del niño o la niña en cuanto a sus necesidades socioafectivas.

Lo que no se nombra, no existe, no se teme, no se afronta.

A veces se intenta legitimar el discurso: «tu vida sexual es privada y a nadie le interesa con quién te acuestes» .

«Y entonces me di cuenta de que siempre he estado metida en relaciones con mi familia y mi entorno en las que me he sentido invisible. Me ha costado mucho hacerme un hueco dentro de mi familia. En ese desplazamiento, y el no seguir los mandatos familiares, he construido una personalidad poco emocional, porque en algún momento no me he sentido merecedora de amor. Mi orientación sexual ha marcado la forma en la que me relaciono con el mundo. En ocasiones me tengo que defender; en otras esconder, pero nunca he podido ser vista y querida de forma amable y calurosa. Ahora, en mi proceso, estoy buscando mi sitio y mi reconocimiento, mi Amor Propio; porque con 30 años tengo que mirarme con un poquito de autocompasión y darme ese amor que otros no supieron darme.»

Este testimonio nos ayuda a comprender la dificultad, sin pretender generalizar, que algunas personas LGTB han sufrido a lo largo de sus años y de su vida.

Pero, realmente, ¿seguimos pensando que la dirección del deseo sexual, o la identidad sexual son solo eso? ¿No van más allá?

Sentimientos comunes en pacientes LGTB

En un sistema heteropatriarcal y binario, el deseo o la identidad sexual no es comparable a la elección de tu plato preferido o por quién te decantes a la hora de votar. Por mucho que intenten transmitirnos desde algunos sectores de la vida pública que el deseo o la identidad son algo que deba vivirse en la intimidad, o algo elegible o algo voluntariamente aceptado. En seguida, el estigma y las dificultades han aparecido en las personas LGTB, quizás antes incluso de que ellas mismas hayan podido poner nombre a ese deseo o esa identidad, a esa etiqueta.

La importancia del contexto social

El contexto apunta y enmarca la diferencia, actúa sobre ella, y deja una huella basada en la aceptación o el rechazo en la vivencia de la propia sexualidad e intimidad adulta.

No tener una orientación o identidad normativa y cómo se ha integrado en el sistema familiar o social  esa diversidad marca el desarrollo de la personalidad, de la forma de relacionarnos en la vida y delimitan el sufrimiento o bienestar psicológico. Porque el caer fuera de lo normativo en estos aspectos tan definitorios y sensibles, y cómo los sistemas integran esa diversidad deja una huella en el sentir, en el pensar y en el hacer.

Tapar, esconder, aparentar desde la deficiencia, atravesar los mundos de los miedos inculcados, hace que poco a poco las personas vamos construyendo un “traje”, una defensa, que permite hacer frente a los momentos dolorosos de la infancia y la adolescencia.

En muchas ocasiones las familias conocedoras de formas no normativas de relacionarse o identificarse por parte de sus hijos e hijas, por la influencia de los propios miedos del sistema familiar, producen mensajes discriminatorios que hacen que el mundo exterior se convierte en un espacio temible. Al grito sordo de: «que nadie te vea, que nadie te intuya, te van agredir, la gente no te va a entender», empiezan a aparecer fantasmas y personajes dentro de la persona que cuando se apodera del mundo interno, dan lugar a miedos irracionales. Mundos terribles que hay que abordar  en el mundo adulto, en el mundo de las relaciones.

Problemas comunes en colectivo LGTB

Aquí, entre otras, aparecen las vivencias que hay que mantener al margen: Adolescencias que comienzan en cuartos oscuros y espacios de cruising. En el oscuro frío mundo de la noche y el anonimato, se puede dar rienda suelta a la sexualidad prohibida, necesaria pero sancionada. Un mundo atrayente, pero adictivo y disociado. Escindido de lo normativo, sin conciencia, porque caer fuera de lo que es “normal” es castigable. Acaban la intimidad y la sexualidad totalmente separadas y escindidas del mundo interior de la persona

Lo afectivo sexual y la intimidad, no son importantes, el mundo interior construido en la clandestinidad de no poder visibilizar la condición o la identidad no permite la vivencia del mundo íntimo de la sexualidad y el amor pleno.

El camino para el bienestar, para la integración y la vivencia plena en el mundo adulto, consiste en poder ir reconstruyendo esos personajes y fantasmas, debatir con ellos, darles la mano y estudiar su funcionalidad en el presente.

Se puede vivir de forma plena, se pueden superar los miedos y los mundos oscuros; porque los mensajes de «no poder ser», «no ser suficiente», «no poder ser querible» “no valer” no son de la persona, son la herencia hecha carne en el que sufre de un mundo que aún está en pañales en cuanto a diversidad y aceptación sexual se refiere.

Aparecen en la adolescencia y el mundo adulto: Depresión, ansiedad, trastornos de la personalidad, intentos autolíticos, dificultades en las relaciones…;  Síntomas derivados de sistemas que han descuidado, bien desde la comisión, bien desde la negligencia, la integración de la orientación o la identidad como parte del desarrollo afectivo sexual e identitario del niño.

Existen diversos mensajes a los que se enfrenta una persona con orientaciones e identidades no normativas. Dependiendo del calado de esos mensajes pueden aparecer diferente sintomatología.

Por todo ello, la falta de comprensión en ocasiones por parte de la sociedad y en los contextos familiares, hace que los terapeutas nos veamos en la grata tarea de poder permitir desde el amor incondicional otros mundos posibles en los que prime la aceptación, la intimidad y la seguridad, y abran la vía de las relaciones saludables para nuestros pacientes.

Porque todos nos merecemos ser amados, reconocidos y aceptados incondicionalmente. Puedes contar con nosotros si te sientes identificado.

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