La vulnerabilidad de los profesionales de psicología en la lucha contra la Violencia de Género: desafíos y retos

Con motivo de mi experiencia durante mi recorrido en la intervención con mujeres y menores víctimas de la Violencia de Género me he visto inmersa en situaciones de desprotección como las que enumero a continuación:

  • Ir a ratificar los informes periciales en los juzgados sometiéndome también como profesional a la violencia del maltratador.
  • Amenazas y coacciones del maltratador para impedirme realizar mi trabajo y así poder ayudar a la mujer y a los menores salir del control y la violencia .
  • Denuncias deontológicas en el Colegio Oficial de Psicología como profesional interpuestas por padres maltratadores cuando lo único que intentaba era realizar mi trabajo como psicóloga y apoyar a menores deshechos por las consecuencias de vivir con el maltrato.

Cuantas intervenciones con menores he tenido que pausar por multitud de amenazas de estos padres no permitiéndome seguir acompañándolos. Hoy y todos los días del año seguiré como especialista haciendo psicología para reparar las secuelas que provoca la violencia de género en las mujeres y en sus hijos.

Cuantas veces he escuchado a muchas compañeras «yo ya no atiendo a los menores por miedo a las represalias y consecuencias con estos padres»

Cuantas veces he sentido impotencia, miedo físico y psicológico al salir de mi consulta por tan solo realizar mi trabajo. Pido a las autoridades competentes y al Colegio de la Psicología que nos proteja como profesionales. Para salir de la violencia estas mujeres y niños necesitan profesionales comprometidas y sin miedo. Seguiremos haciendo lo que buenamente podamos!!

Va por ellas y por los menores, por las asesinadas por las muertas en vida, por las que luchan por salir de la violencia y construir una vida digna, libre y feliz.

La batalla contra la violencia de género impone a los profesionales de la psicología una carga significativa, marcada por el miedo, la impotencia y una sensación generalizada de desprotección. En este contexto, el abordaje de estos expertos se ve afectado por amenazas omnipresentes, mientras que la deshumanización en los juzgados y la presión de trabajar como profesionales de parte añaden capas adicionales de complejidad.

Miedo y desconfianza

El miedo impera tanto en las víctimas como en los profesionales de la psicología. Las víctimas, temerosas de represalias o de no ser creídas, a menudo guardan silencio. Los profesionales, por su parte, enfrentan el temor de no poder brindar la ayuda necesaria debido a limitaciones legales o a la falta de colaboración efectiva con otros actores involucrados en la lucha contra la violencia de género.

Impotencia ante limitaciones legales

La impotencia se manifiesta cuando los profesionales de la psicología se encuentran con limitaciones en el marco legal que obstaculizan su capacidad para intervenir de manera efectiva. La falta de medidas de protección robustas y sanciones contundentes para los agresores puede dejar a estos profesionales con las manos atadas, incapaces de proporcionar el nivel de apoyo necesario.

Desprotección y riesgos personales

La desprotección se intensifica cuando los profesionales de la psicología enfrentan riesgos personales al abordar casos de violencia de género. Las amenazas dirigidas contra ellos, derivadas de la naturaleza delicada de su trabajo, generan un ambiente donde la seguridad personal se convierte en una preocupación constante.

Deshumanización en los juzgados

La deshumanización en los juzgados agrega otra capa de dificultad. Los procesos legales, a menudo impersonales, pueden desestimar la complejidad de las experiencias de las víctimas, reduciendo sus narrativas a meros datos. Esto no solo afecta a las víctimas, sino que también impacta la capacidad de los profesionales de la psicología para abogar por un enfoque más humano y comprensivo en el sistema judicial.

Presiones por considerarnos como profesionales de parte

En última instancia, la vulnerabilidad de los profesionales de la psicología en la lucha contra la violencia de género resalta la necesidad urgente de abordar estos desafíos de manera integral. Esto implica no solo proporcionar formación especializada y recursos adecuados, sino también reformar los sistemas legales y judiciales para garantizar un enfoque más humano y compasivo en la erradicación de la violencia de género. Solo a través de estos esfuerzos coordinados se puede esperar superar la desprotección que enfrentan los profesionales mientras trabajan incansablemente para brindar apoyo a quienes más lo necesitan.

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