Reflexión sobre la técnica de la caja de arena

En este post queremos reflejar las opiniones de nuestros alumnos de prácticas  de psicología de la Universidad de Alcalá (UAH) Ricardo y Miriam tras la lectura del libro “Construyendo puentes: La técnica de la caja de arena” de José Luis Gonzalo Marrodán. Aquí os dejamos sus reflexiones.

RICARDO DANIEL RESENDE ALEIXO

Reflexiones sobre la caja de arena

La técnica de la caja de arena es una herramienta de intervención y evaluación en psicología que permite a niños, adolescentes o adultos, hacer consciente y expresar sentimientos, preocupaciones o eventos que de alguna forma u otra están teniendo una implicación negativa en el paciente. Mediante el juego y con la ayuda del terapeuta (si la demanda el paciente), el paciente elabora una historia y que representa mediante pequeñas miniaturas en una caja con arena. Las miniaturas elegidas por el paciente adquieren un valor simbólico y representativo de la realidad que actualmente vive o vivió el paciente.

Su mayor ventaja respecto a otras herramientas psicológicas reside en la dinámica en forma de juego que el terapeuta impulsa. Esta ventaja es especialmente importante en niños y adolescentes, por que supera posibles barreras que se pueda tener con estas poblaciones como, dificultad para verbalizar o identificar emociones o lo que le pasa, negativa o desmotivación para participar en terapia…

Lo sorprendente de la técnica de la caja de arena es como un “juego” nos permite conocer algo del paciente que no ha verbalizado o no ha sabido hacerlo. Esta técnica, como da a entender el libro, parece un puente que intenta unir lo interior con lo exterior de la persona, permitiendo identificar, definir y dar un significado a ambos para finalmente poder “sanarlo” con la ayuda del terapeuta.

La forma en que funciona esta técnica, me hace reflexionar y a la vez que reafirmar esa idea del impacto que tienen muchos eventos en nuestra psique que a su vez definen y influyen nuestro camino en la vida, y muchas veces sin que nos demos cuenta. Te hace cuestionar si de verdad lo que somos es fruto de decisiones voluntarias de nuestro ser o está influida por nuestro más profundo inconsciente producto y modulado por factores y eventos (traumáticos o no) diarios.

¿Tenemos plena libertad en elegir como queremos ser o vivir?

MIRIAM LÓPEZ RUBIO

La caja de arena es una técnica movilizadora y visual

Tras la lectura del libro “Construyendo puentes: La técnica de la caja de arena” de José Luis Gonzalo Marrodán, con la intención de aprender más sobre dicha técnica e introducirme en algo diferente que pueda ser enriquecedor para mi futura práctica como psicóloga, he podido llegar a una serie de conclusiones que me han hecho reflexionar sobre la técnica.

Primero de todo, me gustaría comenzar comentando el surgimiento de esta técnica, ya que me resulta interesante la preocupación de Lowenfeld hacia la necesidad de que los niños puedan expresar sus estados mentales y emocionales de forma libre, por lo que decidió que sería buena idea prescindir de la intervención de un adulto y ofrecerle al niño una caja, donde la única regla es no echar la arena fuera, en la que el niño pueda expresarse libremente y se sienta en un entorno seguro donde construir sus propios “mundos”.

A pesar de este primer objetivo, más tarde se consideró que la caja de arena podría aplicarse también en adultos, ya que no es un simple juego, sino una técnica muy movilizadora y visual que permite a la persona tomar conciencia sobre aspectos que no había tenido en cuenta hasta ese momento.

No obstante, se ha observado la eficacia que tiene dicha técnica sobre todo en niños con retraso en el desarrollo con afectación al lenguaje, niños con trastornos del apego (ya que esta técnica puede contribuir en la relación positiva entre el terapeuta y el paciente) y, en niños o adultos que han sufrido malos tratos o situaciones traumáticas. Este último caso lo considero muy interesante debido a que las personas encuentran la caja un lugar seguro (lo que también es interesante integrar con técnicas de EMDR) donde expresarse y contar su mundo imaginario o real, lo que sucedió o lo que les gustaría. Esto les aporta sentimientos de control y, por tanto, de empoderamiento hacia la situación traumática, ofreciendo así la posibilidad de transformar el hecho traumático y sanar emocionalmente, permitiendo trabajar con la culpabilidad y el sentimiento de víctima.

En mi opinión, los niños nos están transmitiendo información constantemente, de forma verbal y no verbal, de manera consciente o inconsciente y, la mayoría de las veces, dicha información puede obtenerse a través de la observación de los juegos que realizan. Cuando estos juegan, no se preocupan de lo que tienen que contar, simplemente juegan y se expresan cómodamente sin limitaciones, por lo que la mejor manera que podemos elegir cuando queremos comunicarnos con un niño es el juego, lo que dota a esta técnica de un gran poder.

En cuanto a los adultos, es normal que se sorprendan cuando se les presenta la técnica, ya que consideran que es algo de niños, pero la capacidad movilizadora y el gran alcance terapéutico que puede lograrse acaba impresionando a estas personas.

La construcción simbólica que realizan los pacientes consigue crear un puente entre la realidad intrapsíquica de la persona y la realidad exterior, permitiendo la conexión entre ambas realidades.

Bien es cierto que para poder conseguir todos estos beneficios, es importante tener en cuenta que el terapeuta debe ser empático, ya que el paciente le está permitiendo entrar en su “mundo”, en su “psique” y está expresando vivencias y emociones que no sabe o puede expresar con palabras. Por ello, esto es más importante que cualquier interpretación o análisis que pueda realizarse en el resultado de la técnica, de hecho, lo que se lleva a cabo es una exploración junto con el paciente sobre el mundo que ha creado, a través de unas preguntas guía que faciliten su expresión. Sin embargo, el paciente es el experto, el que realmente entiende su caja, su mundo y, el terapeuta simplemente le acompaña y facilita su proceso de entendimiento y consciencia. Por ello, es importante que la construcción del mundo se haga en silencio y que durante la exploración, el terapeuta no introduzca sus manos en la caja, ya que es un lugar muy personal, interno y seguro para la persona.

Por último, me gustaría mostrar mi coincidencia con el libro en cuanto a la importancia de practicar dicha técnica con uno mismo antes de realizarla a otras personas. Considero que el aprendizaje a través de la experiencia puede enriquecer y potenciar la práctica de la caja de arena en los pacientes, ya que es más fácil entender cómo se siente un apersona al abrirse tanto de una manera tan diferente y descubrir cosas que no había tenido en cuenta hasta ahora, por lo que el insight que realicemos con nosotros mismos, nos va a facilitar comprender y empatizar con las futuras personas que nos muestren sus mundos.

A modo de cierre, me complace añadir que la caja de arena es una técnica de la que he aprendido muchas cosas que quizás a priori no tenía en cuenta y, me gustaría seguir aprendiendo de ella y formarme de manera más específica, ya que en un futuro sería interesante poder recurrir a esta técnica con la intención de mejorar la eficacia de las terapias que realice.

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